Por: Andrés García
Muchos de los atentados que hemos sufrido los manifestantes en los últimos días en varias ciudades del país han sido a manos de civiles que se han movilizado en camionetas de lujo con vidrios polarizados desde las cuales disparan contra ciudadanos desarmados que estamos exigiendo mejores condiciones de vida, porque en Colombia las mínimas condiciones de vida digna se convirtieron desde hace mucho tiempo en privilegios, porque los gobiernos nos vendieron como la gran oportunidad para vivir mejor un modelo económico (neoliberalismo) que convirtió en mercancía los derechos.
El neoliberalismo fue adoptado por Colombia como modelo económico en el gobierno de César Gaviria en 1991, con la gran promesa de que la apertura económica traería mejores oportunidades a todos los sectores económicos del país, de que los tratados de libre comercio serían la gran oportunidad para que todos los colombianos pudiéramos acceder a las mejores mercancías del mundo y así poder disfrutar de todo lo que disfrutan los ciudadanos del primer mundo aun estando en el tercero. Lo que no nos dijo el gobierno es que poder acceder a las mercancías del primer mundo tenía un costo, y éste consistía en vender nuestros derechos.
El neoliberalismo tiene como consigna que todo lo que puede ser vendido debe serlo, y esta consigna se llevó a cabo al píe de la letra en Colombia, tanto así que poco tiempo después de adoptado el modelo se privatizó la salud por medio de la ley 100, en la cual se dejaba en manos de privados la atención de la salud de todo el país, privados que se hicieron absurdamente ricos con el dinero de todos los contribuyentes que tenemos que aportar obligatoriamente un porcentaje de nuestro sueldo mensualmente a cambio de un tratamiento miserable, porque de lo contrario no dejaría ganancias a los operadores de la salud, pues la salud se convirtió en un negocio; el negocio de los ricos y en un lujo, pues solamente los que pueden pagar pueden disfrutar de un tratamiento digno, los otros, los excluidos no tenemos derecho a la salud, tanto así que para acceder a tratamientos tenemos que hacerlo por medio de una tutela no por el derecho a la salud, sino por el derecho a la vida, pues si se vulnera el primero se vulnera el segundo. Y así nuestro país se llenó de “grandes emprendedores” de la salud que se hicieron ricos con los dineros de todos y la muerte de muchos.
El neoliberalismo también nos quitó la posibilidad de un trabajo estable y poder proyectarnos en la vida, pues se establecieron políticas que en lugar de favorecer a los empleados favorecieron a los empresarios y así se flexibilizó la contratación laboral, se volvió general que las alcaldías y gobernaciones, y demás instituciones estatales y empresas privadas no contrataran directamente a las personas que trabajarían para ellos sino que contratan por medio de una cooperativa de trabajo, es decir un tercero (los “grandes emprendedores” tuvieron de nuevo su oportunidad al contratar con el Estado y no tener ningún vínculo laboral con sus trabajadores) así como tampoco lo tienen las instituciones estatales. Así es como pasamos de un contrato de trabajo que daba estabilidad y la posibilidad de proyectarnos a ser profesionales o mano de obra no contratada directamente sino tercerizada y sin ningún vínculo con ninguna empresa, en pocas palabras trabajadores de nadie.
El neoliberalismo también privatizó la educación y abrió la posibilidad a que los “grandes emprendedores”, los visionarios, la “gente de bien” invirtiera en este nuevo negocio: la educación. Y así vimos aparecer de la noche a la mañana un sinnúmero de escuelas que recibían por estudiante un dinero del Estado, un sinnúmero de institutos y universidades de garaje que abrían estudios técnicos y tecnológicos para “formar” en la oferta que demandaba el sector empresarial del país, pues la oferta de las universidades estaba sobre calificada, porque –como lo dijo el presidente Santos en el 2011- “el país tiene muchos profesionales pero necesita más técnicos y tecnólogos”, y así formando en mano de obra barata los “grandes emprendedores” de la educación se volvieron ricos con la necesidad y la esperanza de todo un pueblo.
¿Cómo olvidar el negocio del narcotráfico con el que desde sus inicios políticos se ha vinculado al ex presidente Uribe Vélez? El último caso registrado fue el del embajador de Colombia en Uruguay, Fernando Sanclemente, quien en su finca en Guasca (Cundinamarca) se encontró un laboratorio para el procesamiento de base de coca a inicios del año pasado, y hasta el momento no ha habido ninguna investigación seria sobre este asunto. Y en este negocio de las drogas, por supuesto que entraron a hacer parte de él los “grandes emprendedores” colombianos que vieron sus ganancias elevarse por los cielos en un negocio formalmente ilegal.
Por otra parte, no podemos olvidar que una de las premisas del neoliberalismo es la consecución del Estado mínimo, es decir un Estado que no intervenga en el mercado, ni limite la propiedad privada, y abandone cualquier responsabilidad con la ciudadanía a excepción de la protección de la propiedad privada, en otras palabras un Estado policial. Justamente aquí presenciamos cómo se formaron los grandes terratenientes contemporáneos en Colombia, apoderándose de tierras que
eran despojadas a los campesinos por el accionar de grupos paramilitares; grupos que surgieron precisamente para proteger los intereses de los hacendados que no podía garantizar el Estado, esta es una de las razones por la que las ciudades crecieron de forma exponencial, porque recibieron a todas las familias que fueron despojadas de sus territorios. Y de nuevo encontramos aquí a los “grandes emprendedores” que vieron en esta dinámica la posibilidad de “comprar” tierras despojadas a muy bajos precios, y así emprender en el negocio de los monocultivos y la ganadería extensiva.
He realizado todo este recorrido para comprender un poco quién es la “gente de bien”. Son las personas que vieron en el nuevo orden político-económico la oportunidad hacer crecer sus ganancias con poco esfuerzo y corto tiempo. Son personas para quienes lo más importante es el obtener ganancias a cualquier precio. Son personas que se creen más que los demás porque ser es tener, y por esta misma razón hay que tener siempre más. Las “personas de bien” son aquellas que se juzgan a sí mismas con sus propios valores: estéticos, éticos, urbanísticos y morales; es por esto que cuando su paz se ve interrumpida por quienes no alcanzamos dichos estándares o no los compartimos se autoimponen el deber moral de pacificar al pueblo, así sea a sangre y fuego y con acompañamiento de las fuerzas estatales, como lo vimos ayer –nueve de mayo- al sur de Cali.
Pues ellos se consideran los herederos de los “grandes emprendedores” españoles que llegaron a estas tierras en busca de riqueza y poder, y con la venia de la corona asolaron estas tierras y subyugaron a sus pueblos y se erigieron en señores de bien. En los “Señores” del país que se consideran más que todos los demás, y por esto se adjudican el poder de las armas para continuar eliminando al pueblo. Esta es la “gente de bien” de mi país. Una gente que puso a todo un pueblo a trabajar para ellos.

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