jueves, 3 de junio de 2021

TODOS SOMOS LUCAS


Por: Andrés García

En la noche de ayer cinco de mayo asesinaron a Lucas Villa, no lo conocí pero en los vídeos se ve a un hombre que salió a marchar por el derecho de vivir en paz, un hombre alegre que en cada marcha bailaba al son de los tambores de la resistencia, un hombre que se subía a los buses a hacer pedagogía sobre las razones del paro, y seguramente de la necesidad de éste para alcanzar una Colombia donde quepamos todos. Ayer en la noche la “gente de bien” de este país salió en su carro de lujo a hacer su paz, y asesinaron a Lucas.

La consigna “todos somos Lucas” no desconoce a todos los hombres y mujeres colombianas que han sido asesinados en estas jornadas de resistencia, más bien los engloba en una figura de un hombre pacífico pero no indiferente, un hombre que resistía la violencia del Estado Colombiano con mucho carisma, y según sus allegados, con mucho amor. Y si bien todas las vidas valen en sí mismas por el mismo hecho de ser vidas humanas –algo que no hemos entendido los colombianos-, muchos se identificarían mucho más con Lucas que con los chicos que están haciendo frente todos los días en la primera línea de resistencia en las calles, una primera línea sin la cual éstas jornadas seguramente ya se habrían terminado, pues son ellos los primeros que salen todos los días a invitarnos a continuar resistiendo y quienes se exponen totalmente al fuego del Estado –un fuego criminal.

Y digo que el fuego del Estado es un fuego criminal porque es un fuego en contra de la población civil y desarmada, en todo caso en condiciones de inferioridad para enfrentar a grupos armados y entrenados como lo son la policía, el Esmad, o cualquier otra fuerza armada organizada. Solamente un Estado criminal le permitiría a los integrantes de las fuerzas del “orden” disparar directamente a los manifestantes con armas ya sean éstas convencionales o no. Y digo permitir porque eso es justamente lo que hace el Estado Colombiano cuando le toca imponer las sanciones correspondientes a estas faltas graves en el contexto de los derechos humanos.

Y sin embargo, la cuestión no acaba con el fuego directo a los ciudadanos, sino que es ya una práctica común entre los integrantes de la policía nacional el infiltrar las marchas y manifestaciones en general con policías de civil, que en un contexto como este debe de ser tenido como una falta grave, porque pueden ser ellos mismos los que inician los actos de vandalismo y violencia, acciones que ante los ojos de la comunidad le quita fuerza y legitimidad a la protesta social; pero la cuestión es mucho más grave, y es que en muchos casos han quedado en evidencia audiovisual agentes de la policía con sus números

de identificación ocultos, ya sea porque se los quitan o se colocan una prenda sobre el uniforme, con el fin de no ser identificados, y si bien lo primero puede ser tenido como una práctica legal, lo segundo definitivamente no puede ser legal porque lo hacen con la intención de hacer daño y no ser reconocidos, se podría decir que su actuar no difiere en mucho del accionar paramilitar.

Uno podría pensar que estas son prácticas institucionales y que los “agentes del orden” solamente siguen ordenes así como lo hacían los soldados nazis a la hora de ejecutar el genocidio judío, sin embargo, la cuestión aquí es mucho más problemática que el seguir o no una orden, pues la sentencia C-082 de 2018 de la corte constitucional en su parágrafo 24.2 considera que “al estar desprovista de la disciplina castrense, no hay lugar a la aplicación en la Policía Nacional de la obediencia debida, de manera tal que quienes ostentan materialmente el uso de la fuerza armada están subordinados a sus superiores solo desde el punto de vista funcional y no administrativo, lo que implica su responsabilidad en la ejecución de las ordenes que reciban”. Esto implica que los agentes de policía no están sujetos a seguir una orden como la de disparar a civiles, esto lo hacen ellos mismos bajo su propia iniciativa y bajo su propia responsabilidad, es por esto que muchos de ellos ocultan sus números de identificación, y en varias ocasiones –según noticias Uno en la emisión del domingo dos de mayo del 2021- los policías no disparan con sus armas de dotación sino con otras.

Las instituciones son lo que hacen las personas que las representan, entonces tenemos que preguntarnos ¿quiénes son los que integran las fuerzas del “orden” en Colombia? Y si quienes integran esta institución de protección no sólo del orden sino del bienestar de sus ciudadanos actúan de forma criminal, entonces podemos concluir que la institución de la policía en Colombia no es sólo una institución corrupta sino una institución criminal que sale a matar ciudadanos que están ejerciendo el pleno derecho democrático y constitucional de la protesta.

Y como si esto fuera poco, nosotros, los que marchamos por el derecho de vivir en paz, como Lucas, una paz que no tenga hambre, ni desempleo, ni intemperie, ni niños muriendo, y un no-futuro que nos lleve a las calles precisamente a exponer nuestras vidas no solamente contra la institución policial sino que también tenemos que enfrentarnos con la “gente de bien” que no sólo se creen dueños de todo aquello que se puede comprar sino también de las vidas de aquellos que resistimos por un país más digno, donde vivir no sea sinónimo de sobrevivir.

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