jueves, 3 de junio de 2021

COLOMBIA CON “P” DE PUER ROBUSTUS


Fuente: Oswaldo Guaysamín
                                          
Por: Andrés García

Esta mañana he visto una foto que me hizo recordar la expresión puer robustus, en ella se ve a un grupo de niños de no más de diez años jugando a hacer una barricada con escudos de cartón en los que se puede leer “primera línea” y solicitando auxilio “que no nos maten”, hay un niño vestido con un traje roído y la máscara de un cerdo sobre una caneca que está forrada con la bandera de Colombia, ellos están sobre una calle sin pavimentar y los techos de las casas son de láminas de zinc. Dice mucho que el sueño de estos niños sea estar en la primera línea, que los ciudadanos que están resistiendo contra el Estado sean su modelo a seguir; estos niños no juegan a resistir más bien han llevado su vida a un escenario para el cual todavía no están preparados pero no pueden obviar: el de la resistencia política.

Después de más de veinte días en resistencia, la ciudadanía salió de nuevo concurridamente a la marcha programada para el día miércoles diecinueve de mayo, de nuevo encontré no sólo a jóvenes sino también adultos y adultos mayores, todos unidos en torno a un solo grito por la dignidad de un pueblo que ha sido pisoteado por sus propios dirigentes. De entre todas las personas que me encontré me enterneció profundamente un chico de unos quince años –presupongo ha estado en condiciones de calle por como se veía- vendía dulces, se me acercó y me ofreció tres por mil, y me habló sobre la necesidad de protestar por la educación de los niños, yo le dije que de la suya también y me dijo que él ya había estudiado, entonces le dije que para que tuviera mejores oportunidades, y me sonrió. Más adelante se me acercó un señor vendiendo chitos y una niña de la mano, yo le compré los chitos y se los di a la niña, ella me miró y se despidió con una larga mirada mientras se alejaba entre la gente.

De nuevo no puedo dejar de pensar en que el futuro debe ser mejor, y puede ser mejor para ese chico y esa niña, puede ser mejor para todos aquellos que están en la primera línea resistiendo, para todos aquellos que hemos estado resistiendo la vida sobreviviendo, para todos aquellos que resistimos al ritmo de la música bailando, saltando y cantando, con la alegría propia de jóvenes que rompen el silencio de un orden establecido, un orden que nos ha condenado a mendigar lo que nos pertenece por derecho. Y son los más jóvenes los que con más ímpetu gritan por un país en el cual se pueda vivir en paz, pero no en una paz llena de silencio como la de los cementerios, sino una paz en la que el miedo no esté presente y la vida florezca.

Y precisamente por esta paz seguimos en las calles, unas calles que el gobierno quiere despejar a como dé lugar, quiere despejar todas las vías del país para que el orden que para él es económico se restablezca, es por esto que quiere acceder al puerto de Buenaventura a cualquier precio porque sus mercancías no fluyen, pero los porteños -así como todos los colombianos- están bien parados como hace cuatro años, porque el Puerto es mucho más que un paso de mercancías –porque Colombia es mucho más que una mina-, es un territorio lleno de historias que se reinventan a pesar del abandono, es un territorio que se niega a seguir arrodillado, un territorio que se levanta porque nosotros somos de la tierra, somos la tierra en la que nacimos y la que nos dio forma, por eso levantamos el brazo y gritamos resistencia.

Y continuamos en píe de resistencia contra un orden que nos excluye, que nos quitó la dignidad de la vida, y fue precisamente en esta exclusión donde nos hemos encontrado, nos quitaron el trabajo, la salud, la educación, y nos volvieron a unos contra otros, y de tanto quitarnos, y de tanto matarnos, también nos quitaron lo que nos mantenía callados, nos quitaron el miedo. Nos estamos convirtiendo en una comunidad que no tiene nada más que perder que la vida, una vida sin dignidad, pero ¿tiene sentido vivir una vida sin dignidad? Nos han vendido la idea de que la vida es el valor supremo, no estoy de acuerdo, el valor supremo es la dignidad, y ella ha sido el fundamento del mundo moderno, es por dignidad que las grandes revoluciones dieron paso al mundo moderno, es por la dignidad que la democracia se ha convertido en el modelo político por excelencia, es por la dignidad que la protesta social es un derecho fundamental.

Son los desposeídos los que siempre han incomodado al Statu quo excluyente, son ellos los que siempre han estado en la Primera línea y son ellos los que han perdido la vida por exigir el reconocimiento de su dignidad. Una resistencia que brillaba tenuemente y fácilmente se sofocaba, porque eran pocos, porque estaban solos, porque también eran los excluidos de la sociedad, de los que tenían un poco más de comodidad, de los que tenían por lo menos un sueño, a ellos –los desposeídos- les han despojado incluso de la posibilidad de soñar, porque para soñar es necesario tener un lugar o ser consciente del derecho que tenemos a él. Y diciendo esto, recuerdo un video en el que se ve a una persona en estado de calle gritando “cuando ganen no se olviden de nosotros, que también somos personas”.

Pero la depauperización ha sido tal que los puer rubustus ya no son los excluidos de la sociedad, es la sociedad en su totalidad, esta es la razón por la que gran parte de la sociedad se ha volcado a las calles (y no todos porque algunos todavía se aferran a las migajas de una comodidad

excluyente) y todos gritamos al unísono con digna rabia “a parar para avanzar, viva el paro nacional”.

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