jueves, 3 de junio de 2021

¿TIENEN LAS ACCIONES VIOLENTAS UN IMPACTO POLÍTICO? COMENTARIO A “CALI, CAPITAL DE LA RESISTENCIA”

Por: Andrés García

Siempre hemos escuchado que los grandes cambios han sido precedidos por acciones violentas de las masas contra los gobernantes, sin embargo no creo que las acciones violentas tengan un impacto tan fuerte en un gobierno que lo lleve a dimitir o incluso a su derrocamiento, a menos que dichas acciones estén organizadas e involucren a toda la sociedad o a gran parte de ella, y además que tengan un objetivo político claro, pues de no ser así caerán por su propio peso y no dejarán de ser más que una expresión de la frustración de muchos, de las ganas de generar caos en otros, y en algunos el objetivo es claro quitarle fuerza y deslegitimar la protesta social. Lo que quiero hacer en este escrito es analizar los puntos anteriores para comprender un poco en dónde está Colombia y para dónde va, o más bien ¿qué podemos esperar de la presente situación de resistencia por medio violento que se presenta en Cali, y en otras ciudades de Colombia?

Lo primero que hay que dejar claro es que de acuerdo con Karl Smith sólo la comunidad genera la fuerza, el espíritu, la resolución para combatir al enemigo, para entrar en la lucha y derrotarlo violentamente, el enemigo se convierte en ese otro que hay que eliminar y todos los que se encuentran en la lucha dejan de ser un sujeto para convertirse en guerreros que han dejado de lado su individualidad y, por eso mismo, al sentirse realizadores del cambio no temen, están poseídos por el espíritu de la comunidad aunque esto pueda poner en riesgo su integridad. Esto da cuenta de porqué cuando las personas están en un momento donde su vida corre peligro continúan con la acción a pesar de él. Además se sienten como actores de la historia.

La violencia los hace sentirse vivos. Pero ¿existe la comunidad antes de la confrontación o no existe tal comunidad sino sólo un sentimiento que se activa cuando se está en el fragor de la confrontación? Esta cuestión es de suma importancia porque de su respuesta podemos vislumbrar si realmente dichas acciones violentas van o no a tener un impacto político y, por ende a generar un cambio.

En primer lugar, tenemos que analizar cuáles son los lazos comunitarios que hacen que una comunidad sea tan fuerte, estos lazos son: la hermandad, la solidaridad, principios morales que los hacen inquebrantables ante el enemigo, entre muchos otros. La hermandad es un principio básico que consiste en considerar al otro no como mi igual sino como parte de mi, y por esto lo que le sucede a él me importa, de este se desprende la solidaridad que consiste en hacer todo lo posible para que el otro esté bien, y esto nos lleva a algunos principios morales como la ausencia de ego –que es supremamente importante para una comunidad-, porque es precisamente el ego quien atenta contra el espíritu

comunitario en el cual lo que prima es el bien común no el individual. La comunidad no es un agregado de personas, es un solo espíritu materializado en muchos cuerpos. De aquí se desprende otro principio moral, la ausencia de la propiedad privada, porque ni siquiera el cuerpo que llamo mío es mío, pertenece a la comunidad, y mucho menos la tierra y cualquier otra posesión. De aquí pasamos a otro principio moral, no podemos ser libres sino dentro de la comunidad, por fuera de ella no somos nada, porque la fuerza de cada uno sólo es posible dentro de ella. Estas son algunas de las características de lo que es una comunidad.

Desde esta perspectiva considero que en Colombia las únicas comunidades que hay son las indígenas, donde encontramos un espíritu de lucha por la reivindicación, por el reconocimiento no sólo de su presente sino de su pasado que a su vez reivindica su presente. La lucha en estas comunidades tiene un objetivo claro, y cuando salen a luchar no son individuos, es un pueblo, en todo el sentido de la palabra, que lucha. Sin embargo, no considero que los demás ciudadanos podamos contarnos entre quienes participan una comunidad, más bien conformamos una comunidad de lucha mientras estamos en el fragor de la contienda, pues somos movidos por la pasión, por la frustración, por la rabia, el descontento, ante unas condiciones de vida cada vez más precarias, más vacías, y sin un futuro próspero a la vista y sí con un gobierno cada vez más indolente a nuestras necesidades, pero somos individuos que nos encontramos en el campo de batalla y sabemos que nuestra lucha es negativa es decir, luchamos por algo que no queremos, que queremos algo diferente, pero no sabemos exactamente cómo alcanzar ese nuevo mundo, y es precisamente este aspecto el que hace que nuestra lucha no sea política, y por lo mismo que no tenga un impacto político.

Lo anterior lo soporto sobre el caso que los diferentes estamentos como los transportadores, taxistas, tenderos, oficinistas, profesores, y personas en general sólo se movilizan cuando se sienten agredidos por ciertas políticas que consideran lesivas para ellos, pero nunca nos hemos movilizado por alguna cuestión que esté más allá de nuestros intereses. Esta es la razón por la que las protestas en Colombia no han tenido un impacto político considerable, pues el gobierno negocia con los estamentos que hacen más presión sobre el gobierno y al éstos retirarse dejan muy mal parada la protesta, prácticamente sin ninguna fuerza. Podemos decir que aquí cada uno lucha por sus propios intereses. Caso contrario sería que ninguno de los estamentos en movilización se levantara de la mesa de paro hasta que todos los requerimientos sean levantados y todos los manifestantes queden contentos con lo acordado, pues en cuestiones políticas sólo la unión hace la fuerza, como lo hemos visto en países como Chile, Argentina o Francia donde paran desde los de oficios básicos hasta los transportadores aéreos y ninguno se retira de la movilización hasta que las políticas lesivas no hayan sido retiradas.

Pero en todos estos casos donde es toda la población la que se moviliza y entra en paro, no son las acciones violentas las que ponen en jaque al gobierno sino precisamente la unión de todos los estamentos en busca de un objetivo común. Si no hay tal objetivo común por encima de intereses particulares o gremiales entonces esta lucha está condenada al fracaso, a no ser más que una expresión más de la frustración y la rabia de los más olvidados y marginados de la sociedad. En este escenario, ¿qué rol cumple la violencia y qué esperar de ella?

Como lo he afirmado en repetidas ocasiones, la violencia puede ser la expresión de la rabia, la impotencia, la frustración de muchas personas que han visto como se degradan sus condiciones de vida, como se nubla su futuro por una sombra de incertidumbre, como empeñamos nuestro presente y aún así no vemos que la vida nos sonría, y pareciera que por fin hemos vislumbrado que todo tiene que ver con los gobiernos y más aún con los modelos económicos que marcan nuestro diario vivir. Pero no deja de ser una expresión de la frustración, y no una violencia sistemática que esté amarrada a un plan de poner en jaque al gobierno, y por esto mismo está condenada a que su fuego se apague incluso antes de que tome fuerza.

Por otra parte, la violencia puede también tener su origen en personas que no tienen nada que perder y lo único que quieren es –como se dice coloquialmente- pescar en río revuelto, es decir encontrar alguna ganancia o simplemente desfogar su ira contra el enemigo que, en ese momento de “lucha” política es legítimo en cuanto que defiende el statu quo, o todo aquél que no esté participando y, como suele suceder en este país, quien no está conmigo está contra mi.

Podemos encontrar a un tercer actor en los actos de violencia que ha vivido la ciudad y el país en estos últimos días, policías infiltrados. Para nadie es un secreto que, por lo menos, desde los años setenta las fuerzas policiales han infiltrado las diferentes manifestaciones sociales con el fin de deslegitimar las protestas y así poder entrar a disolverlas con la excusa de la protección de la propiedad privada.

En cualquiera de estos tres casos la violencia no sirve a los intereses de la protesta social, es más bien un recurso negativo de la protesta porque ella convoca a las fuerzas estatales armadas a que intervengan, y ante cualquier fuerza armada los civiles así estén armados no cuentan con las condiciones necesarias para hacer frente en un combate armado, y mucho menos si no se tiene el apoyo de toda una comunidad que soporte los embates de las perdidas individuales. Solamente una comunidad está en condiciones de afrontar un conflicto con un enemigo armado. Así, pues, la violencia como expresión de la protesta social sin ningún anclaje de protesta sistemática está condenada a estigmatizar la protesta social y a acabar con ella.

La violencia sólo puede ser legítima en el contexto de la protesta social como reacción a un ataque violento por parte de las fuerzas armadas estatales, y nunca como medio para desfogar la frustración y crear caos en la ciudad, pues tenemos que tener claro que los enemigos contra los que se lucha no son los dueños de los negocios sean estos grandes o pequeños sino el gobierno que con sus medidas hace que la condiciones de vida sean cada vez más precarias. Así que ejercer violencia contra los negocios no puede ser considerado sino como un acto vandálico cuyo principal objetivo es generar caos, algo muy diferente a lo que pretende la protesta social.

Si lo que queremos son acciones que generen un impacto político fuerte tenemos que pensar y actuar de tal forma que el gobierno y los grandes empresarios que están detrás de él sientan el impacto, por ejemplo, el gobierno no quiere gravar las bebidas azucaradas con IVA porque sabe que su consumo se puede ver gravemente afectado, pues entonces dejemos de consumir las bebidas azucaradas de las grandes empresas como Coca-cola, productos Postobón, entre otros, si estamos en contra de los grandes almacenes la mejor forma de colapsarlos es dejar de comprarles, en resumen, no hay mejor forma de impactar políticamente a los grandes empresarios que el veto. Por otra parte, si lo que queremos es una política de seguridad alimentaria y el gobierno va en contravía de ella, podemos establecerla nosotros mismos a través de huertos comunitarios, en los que sembremos alimentos de pancoger, si la economía regional está cada vez más frágil entonces fortalecer las economías locales por medio de la implementación de los negocios comunitarios, y por ahí derecho vamos generando lazos que nos van a permitir entrar en una lucha por condiciones de vida mejor.

Si lo que deseamos es un cambio político, tenemos que empezar a pensarnos políticamente activos y a considerar cuál es el mundo en el que queremos vivir. Pero para lograr esto es importante que dejemos de pensarnos como individuos y empezar a concebirnos como parte de una comunidad, de lo contrario estamos condenados a fracasar porque nuestro fuego no será más que una llamarada en plena tormenta.

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